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Publicado el: Jueves, 1 de noviembre del 2018

El lado B de Buenos Aires: 3 leyendas urbanas de las que nadie quiere hablar

Sociedad Saltillo / Turismo / imujer.com

nt--Ciudad de México.-  ¿Fanático de las historias misteriosas y de las leyendas urbanas? Perfecto, estás en el lugar indicado. Nos propusimos hacer una selección de los mejores mitos espeluznantes de una ciudad muy particular: Buenos Aires. Si bien es conocida por ser una de las ciudades más cosmopolitas del mundo y destino obligado si visitas Latinoamérica, el labo B de Buenos Aires te va a cautivar mucho más.

El libro “Buenos Aires es Leyenda” de Guillermo Barrantes y Víctor Coviello lo comprueba. Hace unos años, los escritores argentinos salieron a recorrer la capital mundial del Tango en busca de los relatos más escalofriantes y lúgubres ocultos en la profundidad de los distintos barrios porteños. Lo que encontraron: 3 mitos urbanos de la ciudad de Buenos Aires.

Algunos más conocidos que otros, pero todos, sin ninguna duda, forman parte del imaginario colectivo y popular de Buenos Aires. ¿Te animas a emprender esta sombría aventura con nosotros? Vamos, no te arrepentirás.

3 mitos ocultos en el corazón de Buenos Aires

#Hasta el cementerio, por favor

Bienvenidos al barrio de Chacarita. Nos trasladamos a finales de los años 70. El cuerpo de una mujer es encontrado sobre la tumba de su madre en el cementerio de esa ciudad. La víctima se llamaba Felipa Hosperatto y tenía 39 años. Lo curioso es que la noticia de este extraño hallazgo solo había sido informada por un periódico local llamado Todo Real.

Pero si bien el hecho pasó desapercibido para la mayoría de la población del país, que para aquel momento vivía una de las épocas más tenebrosas de su historia -hacía dos años se había perpetrado un golpe de estado comandado por Jorge Rafael Videla-, lo cierto es que hoy se ha convertido en una verdadera leyenda urbana para los habitantes de Chacarita.

Muchos creen que Felipa había ido -como cualquier día- a llevarle flores a su madre, quien descansaba en el cementerio de la calle Corrientes desde hacía unos años. Habló con ella por unas horas, y luego se despidió para volver a su casa con sus dos hijos. Como ya era bastante tarde, Felipa no quería caminar y había decidido que lo mejor era tomarse un taxi. Caminó por la calle Lacroze y allí frenó a un taxi que estaba libre. Subió y le indicó su dirección. Es que Felipa estaba cansada, solo quería recordar a su madre en esos minutos que tomara el viaje hasta su casa.

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Sin embargo, habrán pasado unos pocos segundos para que Felipa comenzara a sentirse extraña. Algo raro sucedía. El hombre apenas hablaba -no muy común en cualquier taxista- y se lo notaba extremadamente pálido. Felipa se dio cuenta, además, que estaba comenzando a tener mucho frío. Tuvo la intención de subir la ventanilla, pero allí notó que ya estaba cerrada. Y peor aún: la ventana del chofer también lo estaba.

El coche no tenía ningún un escape de aire abierto. No obstante, el frío se hacía sentir cada vez más en su cuerpo. ¿Qué era lo que estaba pasando, entonces? Observó más en detenimiento y vio que el auto era extremadamente viejo y que lucía muy descuidado. Giró su mirada hacia al chofer y pidió una explicación. Pero el hombre no contestaba.

Lo único que Felipa llegaba ver, desde su asiento, eran las manos del taxista. Eran delgadas, blancas y espeluznantes. Y su rostro parecía oculto. Quiso tocarle el hombro pero no podía, parecía como si no llegara, como si el hombre estuviera a metros de distancia. Comenzó a gritar desesperadamente hasta que notó que sus propias manos se parecían a las de un muerto. Continuó gritando. El vidrio retrovisor se quebró y allí finalmente el taxi se detuvo.

El hombre giró hacia Felipa y, aterrada, observó el rostro difuminado y deformado. Era su reflejo. La mujer miró a su alrededor, una vez más. Estaba nuevamente en el cementerio. Ahora todo estaba claro. El viaje solo tenía una dirección y esa era su camino hacia el más allá.

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Según los autores del libro, los habitantes de Chacarita creen que por la calles del barrio deambula un taxi que solo recoge a los que salen del cementerio. Quien suba ya tendrá un lugar asegurado en el otro mundo.

#La estación fantasma

Marina acababa de enterarse que su novio la engañaba con una compañera de trabajo. Lo único que quería era desaparecer por un tiempo, tomar un rumbo incierto. No tuvo mejor idea que bajar hacia la primera estación de subte que había visto. Estaba en Piedras de la línea A e iba hacia San Pedrito.

La realidad es que a ella no le gustaba el subte. Las luces intermitentes, el ruido molesto de la bocina, todo le molestaba. Sin embargo, eso ya no importaba. Estaba enojada. Subió. El vagón estaba casi vacío. Se sentó y observó que un joven la miraba detenidamente. Marina notó que el chico sentía cierta atracción hacia ella, pero no era un buen momento para eso. De repente levanta la mirada y estaba en Pasco. Odiaba esa estación y la próxima era Alberti. Tenían un solo andén, eran oscuras, le parecían extrañas.

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Por un momento, cierra los ojos, advirtiéndo al mismo tiempo que el subte comienza a circular más lento. Marina empieza a sentir que no puede respirar. En ese mismo instante, las luces del subte se apagan. La joven abre los ojos y no puede creer lo que ve, a través de la ventanilla: una rara estación en construcción que jamás había notado. Las luces se prenden nuevamente. El joven de enfrente seguía mirándola.

Pero ella no estaba bien, se sentía inquieta y hablaba sola. El chico se acerca y la ayuda a salir del vagón. Trata de tranquilizarla e ingresan al primer bar que encuentran sobre la calle Rivadavia. Cuando se sientan, el joven de nombre Leandro, le pregunta qué era lo que le pasaba. Marina cuenta que entre Pasco y Alberti había visto una estación en construcción con dos obreros muertos que la observaban al pasar.

La leyenda cuenta que a principios del siglo XX, la línea A iba a tener una nueva estación entre Pasco y Alberti. Dicen que hasta hubo obras para poder concretar esa media estación pero que luego de un accidente, donde dos obreros murieron, el proyecto jamás vio la luz. Sin embargo, tras una exhaustiva investigación, los escritores jamás encontraron evidencia fidedigna de que esto verdaderamente haya sucedido. Aunque por supuesto, el que quiera creer que crea ¿no?

#El hombre sin párpados de Coghlan

Cuentan los vecinos de este barrio, ubicado al norte de la ciudad de Buenos Aires, que por las calles lindantes a la estación de Coghlan del ferrocarril Mitre, deambula sin rumbo un hombre con una discapacidad especial: sus ojos no tienen párpados. Según cuentan los investigadores en el libro, la mayoría de los pasajeros entrevistados no conocía la historia y aseguraba no haberlo visto jamás por allí.

Sin embargo, algunos comerciantes sí afirmaron conocer la historia sombría que rodeaba a ese hombre. La dueña de un puesto de diario contó que sí, efectivamente, el hombre había existido pero un día -hacía varios años- una locomotora que iba a Retiro lo había asesinado. Lo curioso es que, según ella, esa formación había sido abandonaba a mitad de camino y que aún hoy pueden observarse unas extrañas manchas de sangre en el frente.

condena-ejemplar-por-abuso-sexual-simple-2Algunos creen que el fantasma de ese hombre no deja en paz a los habitantes del barrio y, cada tanto, aparece cuando el sol se oculta. Definitivamente no quisiera pasar por allí a esa hora.

¿Qué opinas de estas historias? ¿Qué mitos existen en la ciudad que vives?

 



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nt-festival-luces-tailandia_1Ciudad de México.- Uno de los festivales más populares de Tailandia es el Yee Peng Lantern Festival, también conocido como el Festival de las Luces, en Chiang Mai.

Este festival se celebra en el norte de Tailandia cada año, en la luna llena del duodécimo mes lunar del calendario tailandés, que normalmente cae en noviembre. Yee Peng es un festival budista que marca el cambio de estación y se centra en dar la bienvenida a nuevos comienzos.

La celebración para un comienzo próspero

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Para este festival, las personas se reúnen con el fin de elaborar unas cestas flotantes hechas a mano, que se conocen como krathong, además de seleccionar flores, varitas de inciensos y velas.

Los kathrong son hechos de bambú o de un tallo de plátano y una vela. Son liberados en el río Ping o en los fosos de la ciudad, en un ritual que tiene como objetivo despedirse de lo viejo y darle la bienvenida a lo nuevo. En todo este proceso, la luz cumple un rol clave.

Las personas suelen sentarse a orillas del río, recitan sus plegarias y piden sus deseos antes de dejar el kathrong. Se cree que el deseo se cumplirá si la vela de la cesta se mantiene encendida.

Además de los kathrong, también se libera al cielo lo que se conoce como khom loy, que son linternas que se liberan para la buena suerte.

Un festival lleno de luz y color

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Cientos de cestas iluminadas, así como desfiles y ceremonias hacen que el festival tenga una estética visual increíble; la luz y los colores invaden la ciudad y crean un paisaje realmente fascinante.

Las velas son colocadas fuera de comercios y casas, al igual que las flores, y las personas se saludan entre sí y se unen para celebrar.

festival-luces-tailandia_4El tradicional festival es visitado por turistas de todo el mundo que se suman a esta filosofía de despedir el año dejando atrás todo lo malo y recibiendo la luz de lo que está por venir.

Despedir lo viejo, celebrar lo nuevo: el increíble festival de luz en Tailandia