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Publicado el: Sábado, 24 de marzo del 2018

María Hernández cumpliendo sueños

Sociedad Saltillo / Elite Sábado / Rostros / Texto: Gibrán Valdez Fotos: Ángel Alemán

nt--DSC_0126_OPCION3Saltillo,Coah.- Existen muchos vestidos de novia que son destinados a quedarse en el clóset después de la boda, por eso la propuesta de esta saltillense es que puedan servir a otras mujeres en su día especial.

La fecha más esperada para miles de parejas es el día de su boda, cuando por fin unen sus vidas para siempre en presencia de familiares y amigos.

Son muchos los pasos que se deben dar para llegar hasta ese momento especial, pues son demasidas las actividades que se tienen que realizar para efectuar un gran evento; invitaciones, separar el templo religioso, rentar el salón, buscar banquetes, el sonido, las luces y muchas cosas más.

Entre tanto, la novia se enfrenta a un gran reto; encontrar el vestido de sus sueños para lucir impecable en ese día tan especial para ella.

Fue ahí donde la saltillense María Hernández Escamilla encontró la oportunidad para emprender su propio negocio, Amor Amor, en el que se dedica a la venta de vestidos de novia a consignación.

Mercadóloga de profesión, María ha trabajado para importantes agencias de publicidad y marcas nacionales e internacionales, como Grupo W, el último lugar en el que laboró antes de aventurarse a emprender.

A continuación te contamos sobre la dinámica, los retos y la visión que esta saltillense tiene de su nueva propuesta.

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SE USAN UNA VEZ Y SE GUARDAN… PARA SIEMPRE

Cuenta María Hernández que de forma general, los vestidos de novia sólo se usan una vez y después, similar a la promesa de amor que se hace la pareja, se guardan para siempre.

“Se me hizo muy triste que haya vestidos tan bonitos y tan elaborados que se usan una vez y se guardan en un clóset y ya nunca se vuelven a usar”, señaló.

Incluso, destaca que muchas de estas prendas son una obra de arte y en su producción se van muchos recursos, por lo que también tienen un impacto ambiental.

Ante este panorama, a María se le ocurrió la idea de colectar los vestidos de novia que ya se han usado y ponerlos a la venta, así las mujeres que le dejan esta prenda pueden recuperar algo de la gran inversión que hicieron y futuras esposas pueden conseguir de forma sencilla y económica el que usarán en ese día tan anhelado.

“La idea es que los vestidos tengan una oportunidad de volver a ser usados, que alguien más los luzca”, enfatizó la saltillense.

FILTROS PARA ASEGURAR LA CALIDAD

María Hernández resalta que no se aceptan todos los vestidos, pues cuenta con un sistema y diversos filtros para asegurar la calidad de las prendas que llegan a sus manos.

La primera pauta que tiene es no recibir vestidos con más de seis años de antigüedad, lo segundo es que deben ser de marca o de diseñador.

Luego revisa las condiciones de la prenda, tienen que ser bonitos y lucir en buen estado, después hace una entrevista a la dueña del vestido a través de Whatsapp, Facebook o llamada telefónica.

“Yo hago entrevistas para conocer a la gente y la historia del vestido, trato mucho de que sean vestidos con una historia bonita, de buena suerte, si hay cosas trágicas, aunque el vestido esté muy bonito y en buen estado, yo trato de no tomarlo”, precisó María.

Una vez superados esos filtros, las mujeres le dejan su vestido a consignación, se les presta el espacio de exhibición durante tres meses, si esta emprendedora observa que nadie volteó a verlo, se le habla a la dueña para que pase a recogerlo.

“Si se venden ellas recuperan un porcentaje de la gran inversión que hicieron en ellos y si no se venden, ya ellas sabrán qué hacer con él”, puntualizó María Hernández, además de agregar que si durante el tiempo que dura el vestido con ella, es una prenda que muchas personas se probaron pero por alguna razón no se ha vendido, todavía se le da la oportunidad de que continúe en exhibición.

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CLIENTAS Y NOVIAS, TODA UNA COMUNIDAD

El trabajo formal de Amor Amor inició hace apenas unas semanas, el 22 de febrero de este año, y a pesar de que María tenía duda sobre la aceptación que tendría su propuesta, ya lleva 50 citas atendidas y ocho vestidos vendidos.

“Tenía algo de duda sobre la aceptación que iba a tener este concepto de vestidos usados, sobre todo aquí, conociendo a la gente de Saltillo, pero hemos tenido muy buena respuesta, ha llamado mucho la atención y nos han comentado que aquí tenemos vestidos que no encuentran en ningún otro lado”, comentó la también mercadóloga.

Esta saltillense puntualiza que muchos de los vestidos de novia que le dejan fueron adquiridos en el extranjero, por lo que son difíciles de encontrar en cualquier otra tienda de la ciudad.

Como parte de su dinámica, distingue a su público en dos grandes grupos; las clientas, son quienes llevan sus vestidos a vender, y las novias que están próximas a casarse.

Así, la propuesta de María Hernández es unir a la oferta y la demanda, otro de los puntos que considera le ha ayudado a obtener una buena respuesta en estos inicios.

En las redes sociales parte de su estrategia ha sido contar la historia de amor que hay en torno a cada vestido, pues no sólo se trata de una simple venta, también es todo un proceso de inspiración para las futuras esposas.

De esta manera, en corto tiempo se ha ido configurando toda una comunidad en la que clientas y novias se apoyan entre sí, dándose algunos tips para el día de la boda, por ejemplo.

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EL DÍA ESPECIAL, SU MAYOR MOTIVACIÓN

Entre los principales retos que todo esto implica, María Hernández señala el temor que las clientas pueden llegar a experimentar por dejar su vestido de novia en sus manos.

“Es una prenda muy valiosa, tanto sentimentalmente como económicamente, sí hay gente que llega con cierto miedo o cierta nostalgia, hay quienes le han dicho adiós a su vestido con lágrimas, pero lo dejan”, puntualizó.

Muchas de las mujeres que han participado de esta dinámica terminan vendiendo su vestido porque la mayoría son amas de casa, dedicadas a sus hijos y quieren darse ciertos gustos, cuenta María.

“La última clienta que vino estaba embarazada y dice que le gustó una cuna muy cara y por eso decidió vender su vestido, por ese lado también se me hace lindo ayudar a la gente para que recupere una parte de su gran inversión y la usen en algo bonito”, explicó.

El escenario que visualiza esta saltillense está lleno de vestidos de novia, una gran variedad en un espacio con más probadores para atender a más de una mujer al mismo tiempo, por eso en el futuro buscará acondicionar otro local, además del actual que se encuentra en las instalaciones de Go Events, en la colonia República.

Por último, señaló que la mayor inspiración para desarrollar todo este proyecto ”es el día especial de las novias, me ha tocado que lloren en el espejo cuando escogen su vestido y eso es una motivación muy grande porque los vestidos se han vuelto muy inaccesibles y la idea de esto es que todo mundo se pueda casar con el vestido que siempre soñó”, subrayó María Hernández.

 

¿Quieres conocer las historias que hay detrás de los vestidos de novia que tiene María Hernández?

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NÚMEROS

50 citas ha atendido María Hernández con esta nueva propuesta de negocio.

FRASES

“La idea es que los vestidos tengan una oportunidad de volver a ser usados, que alguien más los luzca”.

“Yo hago entrevistas para conocer a la gente y la historia del vestido, trato mucho de que sean vestidos con una historia bonita, de buena suerte”.

“La idea de esto es que todo mundo se pueda casar con el vestido que siempre soñó”.



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nt-festival-luces-tailandia_1Ciudad de México.- Uno de los festivales más populares de Tailandia es el Yee Peng Lantern Festival, también conocido como el Festival de las Luces, en Chiang Mai.

Este festival se celebra en el norte de Tailandia cada año, en la luna llena del duodécimo mes lunar del calendario tailandés, que normalmente cae en noviembre. Yee Peng es un festival budista que marca el cambio de estación y se centra en dar la bienvenida a nuevos comienzos.

La celebración para un comienzo próspero

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Para este festival, las personas se reúnen con el fin de elaborar unas cestas flotantes hechas a mano, que se conocen como krathong, además de seleccionar flores, varitas de inciensos y velas.

Los kathrong son hechos de bambú o de un tallo de plátano y una vela. Son liberados en el río Ping o en los fosos de la ciudad, en un ritual que tiene como objetivo despedirse de lo viejo y darle la bienvenida a lo nuevo. En todo este proceso, la luz cumple un rol clave.

Las personas suelen sentarse a orillas del río, recitan sus plegarias y piden sus deseos antes de dejar el kathrong. Se cree que el deseo se cumplirá si la vela de la cesta se mantiene encendida.

Además de los kathrong, también se libera al cielo lo que se conoce como khom loy, que son linternas que se liberan para la buena suerte.

Un festival lleno de luz y color

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Cientos de cestas iluminadas, así como desfiles y ceremonias hacen que el festival tenga una estética visual increíble; la luz y los colores invaden la ciudad y crean un paisaje realmente fascinante.

Las velas son colocadas fuera de comercios y casas, al igual que las flores, y las personas se saludan entre sí y se unen para celebrar.

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