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Publicado el: Sábado, 30 de diciembre del 2017

Pedro Moeller sabores del éxito

Sociedad Saltillo / Elite Sábado / Rostros /Texto: Gibrán Valdez Fotos: Enrique Alvarez del Castillo

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Saltillo,Coah.– Hace poco más de dos décadas, este saltillense empezó un proyecto con el cual busca resaltar la gastronomía del noreste de México.


Pedro Moeller

Sin etiquetas

Su principal misión es ofrecerle a sus clientes un lugar con un ambiente agradable donde esperen mientras se cocinan sus alimentos.

Dicen que no hay receta para el éxito, que todo es un constante atrevimiento acompañado de paciencia y perseverancia, como si la vida fuera un gran campo de tierra fértil donde todos somos sembradores y ponemos una semilla aquí y otra allá, las regamos, cuidamos las plantas que van dando y al final recogemos el fruto, resultado de un proceso de esfuerzo y dedicación.

Ya lo dijo Woody Allen, famoso director de cine, actor, humorista y escritor estadunidense, que “90% del éxito se basa simplemente en insistir”.

Así es la vida, llena de aciertos y errores, pero de todo se aprende y es mejor que la inspiración llegue cuando nos encuentre trabajando, como lo mencionaba el gran Pablo Picasso.

Al finalizar este año, seguramente te estarás preguntando cómo conseguir algo de éxito en el 2018 que está por comenzar, por eso te traemos la historia de un saltillense que a lo largo de las últimas dos décadas ha sobresalido dentro del gremio restaurantero.

Su clave, según nos platica, es hacer las cosas simples, sin dificultar o volver compleja una receta, al final los clientes deben sentirse a gusto con lo que comen y, sobre todo, con el ambiente del lugar donde esperan mientras se cocinan sus alimentos.

Es Pedro Alejandro Moeller Villar, quien en 1995 abrió al público el restaurante San Pedro de Los González y hasta la fecha sigue en el gusto de miles de saltillenses y personas de otras partes del país, además de muchos extranjeros que a su paso por nuestras tierras han encontrado los sabores de la región en este lugar.

El objetivo de este restaurantero es demostrar que se puede comer muy bien sin gastar tanto, por eso lanza duras críticas a los emprendimientos de este tipo que lo único que hacen es disfrazar un plato tradicional con un nombre gourmet para elevar considerablemente los precios.

En la primera mesa del restaurante se encuentra Pedro Moeller platicando con uno de sus clientes que toma una bebida caliente, lo podemos adivinar porque hay una taza junto él.

Nos presentamos y se levanta Pedro para guiarnos a la parte de afuera del restaurante, lugar donde los clientes pueden reservar para celebrar un acotencimiento importante en compañía de amigos.

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FAMILIA TRABAJADORA Y UNIDA

Aunque, como él mismo lo dice, no nació en un restaurante, su infancia se la pasó entre cocinas, mesas, mercados y carnicerías, pues en su familia emprendieron varios negocios de este tipo.

“A la edad de ocho años, mis hermanos abrieron el primer restaurante en mi familia, se llamó Mucho Burguer y fue la gran novedad para Saltillo; hamburguesas, eran todo un misterio”, recordó Pedro Moeller.

Eso sucedió en 1973 y dice este saltillense que causó algo de sorpresa entre la población, pues nadie estaba acostumbrado al autoservicio, así que llegaban, sobre todo la gente de buena posición económica, exigiendo la presencia de un mesero.

Nadie pudo copiarles por mucho tiempo, el secreto radicaba en el pan que preparaban con dos tipos de aros, uno grande y uno chico, mismos tamaños con los que ofertaban las hamburguesas.

En esos años aún no llegaban todas las opciones de grandes marcas inaternacionales, por lo que Mucho Burguer destacaba como uno de los primeros negocios de comida rápida, tanto que grandes industrias, cuando requerían que los trabajadores se quedaran un turno extra, realizaban cuantiosos pedidos.

“Por poner un ejemplo, en Cifunsa se quedaron un turno extra y como no tenían comedores, nos hablaban y nos decían ‘oye, sabes qué, necesito 600 hamburguesas para la 1 de la mañana’, pues órale, las hacíamos”, explica Pedro.

De esta manera el reto crecía, pues además de la producción normal del día, tenían que ir a buscar más carne y como no había muchos supermercados como ahora, tenían que ir de carnicería en carnicería y comprar de dos a tres kilos, para juntar así la materia prima necesaria para el pedido.

Con este recuerdo, viene a su memoria la herencia de sus padres; la cultura del trabajo, misma que le inculcaron a sus nueve hermanos también.

Los Moeller Villar eran muy unidos y solidarios, así lo menciona Pedro y cuenta que en una ocasión le tocó a la familia administrar la cafetería del Tecnológico de Monterrey, “te metes en una bronca y todos estamos en la bronca, así que todos andábamos en la cafetería del Tec de Monterrey cuando recién se puso y una hermana mía estudiaba ahí”.

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BUSCAR INDEPENDENCIA

Dadas las condiciones, a Pedro Moeller le tocó encabezar la admisnitración de Mucho Burguer, pero en la capital coahuilense el negocio de las hamburguesas comenzó a crecer en competencia.

En esa misma temporada, se pusieron de moda los restaurantes de comida mexicana y, como en Saltillo hacía falta uno, este empresario abrió El Kiosko.

“Tuve mucho éxito y estuve muchos años ahí, pero luego me casé y me fui a Cancún a vivir porque me quería independizar”, dice Pedro Moeller.

Allá lo recibió otro restaurantero de Saltillo y a los tres días ya tenía trabajo administrando muchos restaurantes en un complejo con 47 puntos de venta; desde tiendas de hamburguesas, de burritos, de flautitas y cafeterías.

La temporada fue breve y regresó a la Tierra del Sarape, sobre todo porque el ambiente en aquella ciudad junto a El Caribe no le agradaba y le parecía inadecuado.

Eran los años 90, estaba de vuelta, “yo seguía con la idea de independizarme, pero mis papás no me querían dejar, me decían que me regresara al restaurante, pero yo respondía que no, pues era como ir para atrás”, señala Pedro.

La familia de su esposa eran los dueños de la huerta La Hibernia y cada que pasaban por lo que hoy es la Carretera Los González, en el kilómetro 3.5, veían una casa que a Pedro Moeller le llamaba mucho la atención.

Era 1992 y don Lalo, junto a doña Ninfa, propietarios del inmueble, se negaban a rentársela a este restaurantero saltillense que ya traía en mente un proyecto gastronómico.

“Hasta que voy con mi esposa y entre la plática el señor le pregunta que de dónde es, ya ella le dice que de La Hibernia, así don Lalo le dice a doña Ninfa ‘traéte las llaves de la casa, la voy a ocupar’ y al hacernos entrega nos dijo ‘úsenla el tiempo que quieran, hagan lo que quieran, nosotros tuvimos rancho porque ustedes nos dieron agua toda la vida'”, contó Pedro.

De esta manera se comenzaba a concretar lo que este emprendedor saltillense traía en mente, aunque sólo era el inicio, pues las cosas no terminaban ahí, necesitaba algo de capital para invertirlo.

Fue así como la planeación de San Pedro de Los González comenzó en 1993 y terminó por ejecutarse al abrir sus puertas al público en 1995.

En ese lapso de tiempo, Pedro Moeller hacía de todo, vendía perfumes por catálogo y muchas cosas más, pero de pronto llegó una pareja a vivir en la zona, se trataba de Alfredo López y Eliza Garza, que habitaban junto a pocas familias en esa parte de la ciudad.

“Llegan y me dicen ‘quiero un restaurante cerca de mi casa y quiero que lo termines, aquí está un cheque en blanco, llénalo con lo que te falta, ahí me lo pagas cuando puedas’ y yo les digo no pues de socios o de algo, qué hacemos y responde que no, que no me importara”, señaló este saltillense.

Es de esta forma como su sueño se materializó y reconoce que está eternamente agradecido con la familia Flores Oyervides y Alfredo López, quien dice que llegó como un ángel de la guarda para él.

Esa situación también le valió a Pedro Moeller para convertirse en un asiduo promotor de la labor social, ayudando a quien más lo necesite de diferentes maneras, pues él también ha sido beneficiado por la solidaridad de la gente.

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SABORES DEL NORESTE MEXICANO

La definición de los sabores en su restaurante estaban claros para Pedro Moeller, él ha sido un promotor de la gastronomía regional y así lo dejaba ver en el menú.

Sin pensarlo mucho, Pedro responde de inmediato al cuestionamiento sobre el tipo de proyecto gastronómico que está realizando, “es norestense, de lo de mi región, de lo que hay aquí, me gusta mucho cocinar al ataúd, me gusta mucho la cocina de la influencia zacatena que tenemos, de la comida judía que tenemos, me gusta hacer cabritos para ocasiones especiales, también soy paellero”.

Pedro confiesa que en los primeros años, cuando recién entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio y asumía funciones Rogelio Montemayor como Gobernador de Coahuila, hubo meses en los que no veía una mesa de mexicanos.

Lo anterior era consecuencia de la llegada de grandes empresas extranjeras a la localidad, se estaba gestando el parque industrial en Ramos Arizpe y, por la cercanía, encontraban en San Pedro de Los González una excelente opción para comer, cenar y convivir.

Incluso, los directivos de las grandes cadenas manufactureras de automóviles arribaban con grandes comitivas, hasta 15 personas los acompañaban, luego llegaban más y al calor de las copas declaraban que ellos asumían el pago total del servicio.

Eran grandes consumos, cuentas exageradas, comenta Pedro, tanto que a los siguientes días recibía llamadas de los corporativos de estas empresas para corroborar dichos gastos.

“Me hablaban de un call center y me pedían que les explicara cómo estuvieron las cosas”, recuerda este restaurantero saltillense.

Con el paso de los años, lo que es más importante para Pedro Moeller es la hospitalidad, su misión fundamental es “ofrecerle a nuestra clientela un lugar donde el tiempo pase mientras cocinamos sus platillos con la más alta calidad”.

De esta manera, uno de los frutos que este empresario local está cosechando, es el hecho de que su restaurante se está conviertiendo en una especie de escondite para mucha gente, donde la pasan a gusto y se quitan todo tipo de etiquetas.

Sin decir nombres, entra en los detalles y nos platica que políticos de gran relevancia en la entidad acuden a menudo para disfrutar con los amigos, pero eso sí, amigos de verdad, pues hay cero política en las charlas.

Hay algunos que prefieren ser atendidos en los asadores del exterior, sentados alrededor de una caja de rejillas de madera, donde van degustando la carne que va saliendo, tomando tequila y soltando carcajadas.

En promedio, al mes atienden a cerca de dos mil personas, pero son las mismas siempre, enfatiza Pedro Moeller; “todos son los mismos, no hay nuevos, llega uno nuevo y le empieza a gustar el restaurante y se queda, y se queda, y se queda”.

Para ir a lo básico, que es lo más sabroso según la experiencia de este empresario restaurantero, una temporada salió a realizar una investigación de campo para crear “el menú de obra”.

“Me clavé en las construcciones, llegaba y les decía ‘maestro, mañana yo traigo las cocas, nada más traíganme un lonchecito más para mí, para probar’ y en la calle di con muchos sabores nuevos, muchas cosas básicas”, menciona Pedro.

Así sacó unos tacos de fideo con huevo, otros de mole con arroz frito, unos de repollo con carne de puerco y ahorita, lanzando la invitación a nuestros lectores, dice que tiene una sopa de calabaza que está muy buena.

Su especialidad es el cordero al ataúd y algunos cortes, pero la realidad, según comenta Pedro, es que todos los clientes llegan preguntando qué hay de comer, sin necesidad de explorar el menú, confiándole su paladar al personal de San Pedro de Los González.

“Viene mucha gente que lo que busca es salirse del restaurante actual, que lo único que hacen es despelucarlos y afectar sus bolsillos”, advierte este saltillense.

Es así como la tenacidad de Pedro Moeller lo ha llevado a ubicarse como uno de los mejores restauranteros de la entidad, que no sólo se encarga de administrar las cuentas del negocio, también se mete a la cocina y prepara infinidad de recetas.

”Yo preparo o vendo puras cosas que me gustan o que me encantan, si algo no me gusta simplemente no lo hago”, puntualizó.

El éxito de este resataurantero local se debe a que siempre ha estado insistiendo y cuando la inspiración o la suerte, como se le quiera llamar, llegó a su vida, lo encontró trabajando en su sueño; un proyecto gastronómico que resalta la riqueza culinaria de nuestra región.

NÚMEROS

1995 fue el año en el que Pedro Moeller abrió su restaurante.

FRASES

“Es norestense, de lo de mi región, de lo que hay aquí, me gusta mucho cocinar al ataúd, me gusta mucho la cocina de la influencia zacatena que tenemos, de la comida judía que tenemos, me gusta hacer cabritos para ocasiones especiales, también soy paellero”.

”Yo preparo o vendo puras cosas que me gustan o que me encantan, si algo no me gusta simplemente no lo hago”.

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PROPUESTA PARA LA CENA DE FIN DE AÑO

Fiel a su filosofía de comer sabroso a un precio justo, Pedro Moeller nos propone para esta cena de fin de año la receta de un costillar de cerdo al ataúd.

“Ahorita el kilo de costilla de puerco ronda en los 70 pesos, pueden comprar seis kilos y serán unos 420 pesos”, dice.

Esa cantidad alcanza para 15 personas aproximadamente, acompañándolo con tortillas, totopos, guacamole, pico de gallo y una salsa “molcajeteada”.

“Lo ideal sería sazonarlo o dejarlo marinar con salsa tipo BBQ, pero también pueden hacerlo con una salsa de chiles rojos o simplemente condimentar el costillar con sal, como lo preparé en esta ocasión”, explicó Pedro Moeller.

El secreto de unas buenas costillas de puerco está en la cocción, en este caso, Pedro la preparó al ataúd, de manera lenta, tres horas pasaron para poder servirla. Sin embargo, dice que también se pueden hacer al horno, al vapor, a baño María, en esencia, el método de cocción es como mejor se le acomode a la familia.

Así que ya lo sabes, si quieres sorprender a tus invitados en la última cena de este 2017, puedes recurrir a esta receta recomendada por Pedro Moeller.



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