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Publicado el: Sábado, 16 de diciembre del 2017

Antonio Neira García forjador de pueblos

Sociedad Saltillo / Elite Sábado / Rostros / Texto: Gibrán Valdez Fotos: Enrique Alvarez del Castillo

nt--EAC_8731Saltillo,Coah.- Movilizó cerca de 40 mil personas para poblar regiones del país que se encontraban semipobladas o despobladas.

Antonio Neira García

Constructor de comunidades

Mientras trabajaba como director general de Nuevos Centros de Población Ejidal en el sexenio de Echeverría, protegió al senador Edward Kennedy durante una de sus visitas a México.

Conocer la historia de la fundación de una ciudad o una comunidad no es tarea fácil, por eso hay profesionales que se especializan en la investigación histórica y una serie de técnicas propias de su labor para obtener datos, fechas y así armar, poco a poco, la historia de cada lugar.

Nuestra ciudad tiene al menos 440 años de haberse fundado y cada año celebramos, el 25 de julio, un aniversario más, todo esto es posible gracias a la exactitud de datos que a lo largo del tiempo han reunido historiadores y académicos de la entidad.

Sin embargo, estar de frente con un hombre que fue el responsable de poblar grandes zonas de la República Mexicana en los años 70, no es cosa de todos los días.

En esta edición te presentamos a Antonio Neira García, ingeniero agrónomo de profesión, quien fue el encargado, durante el sexenio del presidente Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), de movilizar a miles de familias coahuilenses para poblar gran parte del sureste y algunas zonas de los estados del norte de México.

Además, en el verano de 1971 el entonces senador estadunidense, Edward Kennedy, realizó una visita para conocer a fondo el programa de colonización de nuevos pueblos en nuestro país, importante estancia por la que Antonio tuvo que echar mano de su valentía para salvaguardar la integridad del político estadunidense, pues durante un recorrido aéreo, el helicóptero en el que viajaban juntos por Tamaulipas presentó algunas fallas.

Aquí te traemos la interesante trayectoria de este coahuilense al que le fue encomendada la tarea de construir nuevas comunidades en diversas zonas de la República Mexicana y que, con su acción valiente, protegió la vida del hermano del trigésimo quinto presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy.

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POBLAR OTRAS ENTIDADES, LA ENCOMIENDA

Antonio Neira García nació el 20 de enero de 1936 en San Buenaventura, Coahuila, descendiente directo del general Bruno Neira González, un militar y político que gobernó el estado en tres ocasiones; como interino, del 7 de abril al 20 de agosto de 1917, luego en un período comprendido del 23 de marzo al 6 de abril de 1918 y, por último, del 10 de abril de 1928 al 30 de noviembre de 1929.

El general Bruno Neira se unió a la causa de Francisco I. Madero en 1910 y combatió a algunos de los bandos contrarios, por eso el hijo mayor de Antonio Neira García asegura que por las venas de su padre corre sangre revolucionaria.

Desde muy joven, Antonio Neira dejó su comunidad natal para estudiar en la ciudad de Saltillo, donde cursó la preparatoria en el Ateneo Fuente, de ahí continuó en la Benemérita Escuela Normal de Coahuila y después sus estudios profesionales de ingeniero agrónomo los realizó en la Narro.

Durante la presidencia de Luis Echeverría Álvarez, este coahuilense formó parte de la Secretaría de la Reforma Agraria como director general de Nuevos Centros de Población Ejidal, cuyo principal objetivo era poblar las zonas que habían quedado sin habitantes tras el movimiento de la Revolución Mexicana a principios del siglo 20 y de la expropiación petrolera en 1938 a cargo del entonces presidente de la República, el general Lázaro Cárdenas.

De la misma manera, su tarea también era repartir a los campesinos mexicanos las tierras que les habían sido quitadas por los hacendarios de origen español y los latifundistas extranjeros que se habían apropiado de grandes superficies del territorio nacional.

Así como dichos movimientos sociales y decisiones políticas habían dejado sectores del país despoblados o semipoblados, en el norte, específicamente en La Laguna, territorio comprendido entre Coahuila y Durango, se experimentaba lo contrario; había una sobrepoblación por las bondades de la tierra y el agua de la región.

Fue así como, para cumplir con su encomienda en los años 70, el ingeniero Antonio Neira García movilizó a miles de familias laguneras a diferentes zonas de los estados del sureste del país como Campeche, Chiapas, Quintana Roo y en algunos del norte como Veracruz, Tamaulipas, San Luis Potosí y Baja California Sur.

El programa de Nuevos Centros de Población Ejidal surgió en 1971 como una respuesta del Gobierno Mexicano, a través de la Secretaría de la Reforma Agraria, para resolver el problema de muchas familias mexicanas que solicitaban sus tierras a las autoridades, pero que estas no tenían forma de entregárselas en el lugar del que eran originarios, por eso tuvieron que reubicarlos.

Según los propios datos con los que cuenta en su bitácora el ingeniero Neira, fueron cerca de 40 mil habitantes a los que se les ubicó en las zonas del país mencionadas, construyendo así cerca de 30 poblados.

Y la constancia no sólo está en su registro personal, pues hay algunas comunidades en el estado de Campeche que destacan por tener nombres que hacen referencia a su estado natal y a personajes de la Revolución que nacieron en la misma entidad que él, como el que lleva por nombre Venustiano Carranza, otro se llama Monclova y hay un ejido pegado en la frontera con Guatemala bautizado como Nueva Coahuila.

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LA COMUNIDAD DE ALFREDO V. BONFIL, EN QUINTANA ROO

Tras la gran labor que Antonio Neira García realizaba con la movilización de familias para poblar diferentes regiones del país, el presidente Luis Echeverría lo invitó a un desayuno junto a Augusto Gómez Villanueva, secretario de la Reforma Agraria.

En la reunión el presidente Echeverría me dijo que quería hacer el centro turístico más importante para México, que estaría en Cancún y por eso quería que cerca de ahí yo construyera un pueblo para campesinos con el objetivo de impulsar el desarrollo de la región”, recordó este ingeniero agrónomo.

Al poblado que Antonio Neira erigió en esa zona lo llamó Alfredo V. Bonfil, en honor al líder campesino que era su amigo y en ese entonces acababa de morir tras desplomarse un avión en el que viajaba con destino a Veracruz.

Ese pueblo cada año me invita para celebrar su fundación”, comenta este coahuilense y, su hijo mayor, apunta que en la comunidad el auditorio principal lleva el nombre de su padre, el del entonces secretario de la Reforma Agraria se utilizó para nombrar la plaza principal y hace poco tiempo develaron tres bustos, el de Echeverría Álvarez, el de Gómez Villanueva y el de Neira García.

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UN GRAN ACTO DE VALENTÍA

El 20 de julio de 1971 estaba de visita el entonces senador estadunidense, Edward Kennedy, hermano del trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy.

Uno de los motivos de su presencia en territorio mexicano era conocer a fondo el programa de colonización de nuevos pueblos, por lo que una de las personas que lo atendieron fue Antonio Neira García.

Aquella tarde del verano de 1971, sobre territorio de la Huasteca caía una imponente lluvia, por lo que el acceso por tierra a la zona de Chapacao, al sur de Tamaulipas y al norte de Veracruz, era muy complicada por las condiciones de los caminos. No había otra opción tenían que llegar por aire.

A Kennedy le acompañaba una comitiva conformada por profesores de las universidades de mayor prestigio en la Unión Americana, quienes junto al Gobierno norteamericano traían medicamentos para donar a los pobladores del lugar.

De esta manera, Antonio Neira solicitó a la Marina de México tres helicópteros para movilizar a los visitantes con todo y su carga.

En el primer helicóptero viajaban, entre otros, el director general de Nuevos Centros de Población Ejidal y el hermano del presidente John F. Kennedy,

Sin embargo, por el peso acumulado, a 100 metros de altura la aeronave comenzó a presentar fallas, sobrevolaban el río Pánuco y no hubo otra opción, un tripulante tenía que bajar para proteger a los demás.

No hubo mucho tiempo para reflexionar las consecuencias de saltar al río, quien lo hiciera tenía que hacerlo ya, sin perder más tiempo, porque cada segundo que pasaba incrementaba el peligro para toda la tripulación.

Fue el ingeniero Antonio Neira García quien tomó la decisión de aventarse al vacío, sabiendo que caería en las aguas del río que desemboca en el Golfo de México.

Saltó. Ya en el agua, el coahuilense dice que pasó unos cuantos segundos relajándose, pues la situación extraordinaria lo había agotado un poco, pero la cosa no paraba ahí.

En su mente rondó un pensamiento que lo hizo nadar con fuerza hasta la orilla o a un lugar donde pudiera ponerse a salvo, pues como este río tiene vertiente con el mar, hay ocasiones en que los tiburones se hacen presentes, quienes podrían atacar al ingeniero agrónomo.

Cuando me lancé al río, salí nadando a un barco y de ahí me subieron y ya nos fuimos a continuar con las labores”, recuerda Antonio Neira García, haciéndonos saber que no hubo tiempo para descansar o, por lo menos, digerir el susto.

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SU VIDA, LIGADA AL DEPORTE

Por fortuna, la natación no era algo que Antonio Neira desconocía, pues desde joven fue asiduo del deporte y este era uno de los que más disfrutaba y en los que destacaba.

En mis tiempos de estudiante en la Narro, había concursos de natación y desde que yo estaba en la secundaria fui campeón de resistencia, en 1951 gané la prueba de resistencia en 300 metros”, explicó quien fuera director de los Nuevos Centros de Población Ejidal.

De la misma manera, en su etapa universitaria formó parte de los primeros equipos de futbol americano que se constituían en la institución donde estudiaba y, en semanas pasadas, la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro entregó una serie de reconocimientos a los exalumnos y exjugadores más destacados de las últimas décadas.

Por eso, por su amplia formación en el deporte, es que este coahuilense salió ileso de la hazaña realizada para salvaguardar la integridad del entonces senador estadunidense.

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LA VIDA EN SALTILLO

En Saltillo fue donde se asentó la familia de Antonio Neira García, por eso durante su labor en la Secretaría de la Reforma Agraria, él sabía que sería a la capital de Coahuila a donde regresaría para establecerse por el resto de su vida.

En Campeche se encontró con Josefina Villajuana Pérez, el amor no pudo esperar más y fue junto a ella con quien formó una familia compuesta por cuatro hijos; Antonio, Luis Augusto, María José y Alejandro.

Por último, Antonio Neira Villajuana, el mayor de los hijos, destaca sobre su padre no sólo el acto de valentía para proteger a Edward Kennedy, también todo lo que hay detrás y confiesa que es algo que le gustaría que la gente reconozca, “no es sólo el acto de tirarse del helicóptero, es el tema donde estaba enrolado; sacrificar a su familia para irse de un lado a otro y hacer el movimiento de tanta gente, miles y miles de personas, llevárselas a tierras diferentes, convencerlas, viajar en tren junto a miles y miles de familias para fundar esos lugares”.

NÚMEROS

30 poblados son los que fundó Antonio Neira García.

40 mil personas son las que movilizó este ingeniero agrónomo.

FRASES

En la reunión el presidente Echeverría me dijo que quería hacer el centro turístico más importante para México, que estaría en Cancún y por eso quería que cerca de ahí yo construyera un pueblo para campesinos con el objetivo de impulsar el desarrollo de la región”



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Este festival se celebra en el norte de Tailandia cada año, en la luna llena del duodécimo mes lunar del calendario tailandés, que normalmente cae en noviembre. Yee Peng es un festival budista que marca el cambio de estación y se centra en dar la bienvenida a nuevos comienzos.

La celebración para un comienzo próspero

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Para este festival, las personas se reúnen con el fin de elaborar unas cestas flotantes hechas a mano, que se conocen como krathong, además de seleccionar flores, varitas de inciensos y velas.

Los kathrong son hechos de bambú o de un tallo de plátano y una vela. Son liberados en el río Ping o en los fosos de la ciudad, en un ritual que tiene como objetivo despedirse de lo viejo y darle la bienvenida a lo nuevo. En todo este proceso, la luz cumple un rol clave.

Las personas suelen sentarse a orillas del río, recitan sus plegarias y piden sus deseos antes de dejar el kathrong. Se cree que el deseo se cumplirá si la vela de la cesta se mantiene encendida.

Además de los kathrong, también se libera al cielo lo que se conoce como khom loy, que son linternas que se liberan para la buena suerte.

Un festival lleno de luz y color

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Cientos de cestas iluminadas, así como desfiles y ceremonias hacen que el festival tenga una estética visual increíble; la luz y los colores invaden la ciudad y crean un paisaje realmente fascinante.

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